
El grupo nacional de la agricultura urbana y suburbana evaluó en el Consejo popular de Herradura la integración comunitaria en el desarrollo del programa de soberanía alimentaria y educación nutricional. Apreciaron como positivo el incremento de patios y pequeñas parcelas familiares vinculados a este movimiento.
“hace dos años antes de esta pandemia en Cuba había medio millón de patios vinculados a la producción de alimentos. Hoy ya existen más de 1 millón de patios, es decir unos 500 mil más y eso en plena COVID-19, con el bloqueo recrudecido”, razona Elizabeth Peña Turruelles, directora del Programa Nacional de la Agricultura Urbana
La producción de semillas es una actividad que requiere elevar los resultados. Cada año se emplean alrededor de 3 millones de dólares para importar semillas de hortalizas que se producen en el país.
“es una asignatura pendiente para el programa de la agricultura urbana y suburbana. Se trata de llegar a autoabastecernos de semillas como quimbombó, lechuga, habichuela, pepino, la acelga y el rábano”, considera la directora del Programa Nacional de la Agricultura Urbana
En una minindustria familiar apreciaron el encadenamiento productivo, que posibilita la elaboración de más de 2 mil raciones diarias de alimentos, con cultivos cosechados en esta zona.

Los directivos del grupo nacional de la agricultura urbana y suburbana visitaron en el consejo popular de Puerta de Golpe, un módulo que cuenta con 20 casas rústicas para la crianza de ganado menor y la producción de hortalizas durante todo el año.
“Pinar del Río es una de las provincias que avanza en la construcción de casas rústicas para la producción de hortalizas y la cría de ganado menor. Hoy apreciamos que cumplieron el plan previsto por el ministerio, construyeron las 48 previstas y ya están en producción. Están incrementando otras 16, lo cual contribuye a incrementar la producción diversificada de hortalizas durante todo el año”, agregó Elizabeth Peña Turruelles, directora del Programa Nacional de la Agricultura Urbana.

El plan de soberanía alimentaria y educación nutricional pone a los productores y municipios en el centro de la gestión del sistema productivo. Propiciar integración y uso adecuado de experiencias y ciencia es garantía para elevar rendimientos y garantizar sustentabilidad.



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